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2000.02.02.09.014

Gracias al impulso de la Contraloría
EL AGUA SUBIÓ AL ALTO MENGA

Por fin, después de décadas de angustia, los habitantes de los sectores El Mirador y El Vagón, en la parte alta de Menga, recibieron el agua en sus viviendas y empezaron a sentirse parte de la Cali que avanza a pasos agigantados mientras ellos seguían marginados en las laderas del norte.

Santiago de Cali, Junio 25 de 2009. “Llevamos décadas sin agua, sin que nadie nos mire, ni siquiera nos escuchan y allá, arriba, hay pobreza y gente de carne y hueso que merece una gota de agua al día en estos tiempos que se dicen modernos”.

Así, con ahínco y adolorido acento, Hernando Llanos, Presidente de la Junta Comunal de Colinas del Norte, denunció ante la Contraloría General de Santiago de Cali que más de 300 personas padecían de angustiante sed en lo alto de las laderas de Menga, en los sectores El Mirador y El Vagón, a donde el agua nunca había llegado por redes de servicio público domiciliario.

Emcali había reservado millonarios recursos para construir una estación de bombeo y aliviar la sed de esa ladera, pero las obras seguían inconclusas ese 27 de mayo pasado, cuando Hipólita Angulo, habitante de la comuna 2, repetía, ante la Contralora Alma Carmenza Erazo Montenegro, el lamento de Hernando Llanos. Martha Peña, presidenta de la JAL y decenas de líderes ciudadanos, reiteraban la denuncia y exigían soluciones durante la Audiencia Ciudadana que realizaba la Contraloría de Cali en ese sector de la ciudad.

Dos semanas después, el 12 de Junio, la Gerencia de Acueducto de Emcali, junto a funcionarios de la Contraloría que recibieron y tramitaron la queja ciudadana, ponía en marcha la estación de bombeo para dotar de agua a la familia de Edgar Domínguez y cerca de 300 personas más. Sin embargo, por consenso, Comunidad, Emcali, a través de la Gerencia de Acueducto, y la Contraloría decidieron volver ocho días después para determinar si la continuidad del servicio podría considerarse como solución definitiva. Y, efectivamente, el 19 de junio constataron que Edgar y su familia habían calmado la sed y que, ahora sí, decidieron cancelar con gusto la factura de servicios públicos que sin excepciones recibían cada mes.
“Por tratarse del bienestar de nuestra comunidad es muy importante que la Contraloría realice un seguimiento minucioso al suministro de agua potable en nuestro sector del alto Menga”, manifiesta Edgar Domínguez.
Reconoce que fue la Contraloría la que promovió la ejecución de las obras, hizo seguimiento y, a través de una queja ciudadana, ayudó a que los recursos de Emcali generaran agua, vida y alegría en la ladera de Menga, apoyando el cumplimiento de los fines esenciales del Estado.
No obstante, el 85% de estos pobladores no paga servicio de agua pues solo contaban con el líquido una hora diaria o cada dos días. “Una vez se iba, nadie sabía cuándo volvía”, añade José Antonio Pera, poblador de la zona. El 15% restante cancela entre $9 mil y $12 mil mensuales “pero ya no por agua recogida en tinas o cualquier recipiente sino por agua de verdad”, agrega Pera. Y no es para menos: ahora tiene agua 20 horas al día, no tiene que madrugar a hacerle cola al agua antes de salir a trabajar y el baño diario se ha convertido en un placer para combatir el calor.
La situación fue crítica siempre, desde que los pobladores arañaron la colina para escapar del hambre y la pobreza. Fue una época que los viejos decidieron olvidar ahora que el agua, que se evapora en medio planeta, por fin escaló la cordillera y empezó a brotar en sus casas.

Ahora Pera, Domínguez, doña Hipólita y todos los habitantes de esta erosionada ladera empezaron a entender eso de cuidar el agua para no morir de sed. Desde lo alto veían la avenida sexta en fiesta perpetua en torno a negocios de vanguardia y lavaderos y estaciones en donde el agua corría a chorros limpiando andenes y carros de última generación. Ahora pueden ahorrar agua, tan solo porque ahora la tienen. Como dice el señor Pera: “Tarde, pero la tenemos”.


Gracias por su divulgación
Yimy Melo García
312 896 04 42

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